Libertad de expresión no es licencia para la violencia

Libertad de expresión no es licencia para la violencia

abril 15, 2026 Desactivado Por Emilio Cuervo Rivera

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Liliana Rivera

Este fin de semana, Tamaulipas volvió a encenderse, no por una nota roja ni por un escándalo político tradicional, sino por una iniciativa que, desde su origen, nació rodeada de polémica. La propuesta impulsada por la diputada de Morena, Cynthia Jaime, de crear un colegio de periodistas con facultades para emitir recomendaciones éticas y señalamientos públicos, desató una ola de reacciones que trascendió la zona sur y alcanzó a todo el estado.

Mi postura fue clara desde el primer momento: en contra. No solo por el fondo —que resulta peligroso en términos de libertad de expresión— sino también por la forma.

Un proyecto que parecía “sacado al vapor”, sin el análisis profundo ni el consenso necesario en un gremio históricamente diverso, crítico y, sobre todo, celoso de su autonomía.

Sí, hay responsabilidad. Cuando se ocupa un cargo público,(legisladora ) no basta con ser el “conducto” de propuestas ajenas. Representar implica analizar, cuestionar y prever consecuencias. Y en ese sentido, la legisladora falló. Eso es innegable.

Pero una cosa es cuestionar una iniciativa y otra muy distinta es desatar una cacería.

Lo que vino después no fue debate. Fue linchamiento digital.
Las redes sociales, ese espacio que tanto defendemos como territorio de la libertad de expresión, se convirtieron en el centro de descalificaciones personales, burlas y ataques que nada tienen que ver con el ejercicio crítico del periodismo.

Se ridiculizó su trayectoria como locutora, se minimizó su capacidad profesional y, lo más grave, se le agredió con calificativos profundamente misóginos.

Y ahí es donde debemos detenernos.

Porque quienes hoy levantan la bandera de la libertad de expresión para defender el derecho a informar, opinar y cuestionar al poder, no pueden —ni deben— utilizar esa misma bandera para justificar la violencia.

La libertad de expresión no es un cheque en blanco para insultar, denigrar o violentar.

Y resulta preocupante que hayan sido hombres quienes encabezaron estos ataques, reproduciendo una narrativa que durante años ha buscado desacreditar a las mujeres en la vida pública no por lo que hacen, sino por lo que son.

Podemos —y debemos— ser críticos. Podemos señalar errores, exigir preparación, cuestionar decisiones. Eso es parte esencial de una sociedad democrática.

Pero no podemos normalizar que el debate se convierta en violencia.

Porque entonces dejamos de ser periodistas y nos convertimos en aquello que tanto señalamos.

Hoy más que nunca, vale la pena preguntarnos: ¿qué tipo de libertad estamos defendiendo?
Si es una que construye, cuestiona y fortalece la democracia, o una que destruye, agrede y perpetúa las mismas prácticas que decimos combatir.

La iniciativa fue desechada. Pero el «ruido» que generó es grande, más sin embargo, la dignidad de las personas no debería estar nunca en discusión.