La detención injusta de una comunicologa

La detención injusta de una comunicologa

julio 7, 2025 Desactivado Por Emilio Cuervo Rivera

Liliana Rivera/Sin Filtros

Lo que ocurrió en la colonia Nuevo Amanecer de Tampico no es un hecho aislado. Es el reflejo de lo que sucede cuando la manipulación mediática y la falta de ética convergen en un mismo escenario. Y esta vez, la víctima fue la Coordinadora de Comunicación Social de DIF Tampico, Priscila Sobrevilla, quien fue esposada y detenida injustamente, sin una denuncia formal.

Durante una reunión entre personal del DIF y madres de familia del CAIC “Fernando San Pedro”, se informaba sobre el cierre de ese espacio por representar un riesgo para los menores, según Protección Civil. Ahí, se encontraba Esteban, colaborador de un medio digital. Acudió cómo «periodista», pero se observa como incitador: transmitía en vivo mientras participaba como si fuera parte del grupo de padres, provocando e interfiriendo activamente en la conversación.(Quienes somos periodistas, sabemos de ética y esto no debe presentarse bajo ninguna circunstancia, no era una rueda de prensa)

Su nombre no es nuevo para quienes trabajamos en medios. Esteban ha hecho de la confrontación una estrategia personal. No es la primera vez que irrumpe en espacios públicos para generar tensión, obtener protagonismo o influir en decisiones que no le corresponden. Su comportamiento reiterado habla de una clara intención: instrumentalizar el periodismo para sus propios fines, aunque eso implique dañar a terceros o manipular la percepción de la ciudadanía.

En esta ocasión, el conflicto escaló cuando la comunicadora tras recibir una llamada, decidió salir del salón. Es en ese momento -según el video- que Esteban la intercepta, y se percibe un empujón. El chofer de DIF intenta intervenir y lo aparta. Esteban cae al suelo, pero en lugar de pedir ayuda con urgencia, se asegura primero de entregar su celular para que otro continúe grabando. Desde el suelo, pide ambulancia, patrullas y afirma perder la conciencia. Sin embargo, no deja de controlar la narrativa. Lo conoce bien: el show apenas comenzaba.

Minutos después, la Guardia Estatal detiene y esposa a Priscila y al chofer, sin denuncia formal, sin flagrancia y sin justificación.

La imagen de una mujer trabajadora, periodista profesional, exhibida como delincuente en redes sociales, se viralizó en minutos. Y esa fue, probablemente, la verdadera intención desde el principio: generar escándalo, fabricar culpables y desviar la atención del verdadero problema de fondo.

Hoy, Priscila no está sola. Quienes hemos visto su trayectoria sabemos que no actúa con violencia, ni con protagonismo. Su único «error» fue atender una llamada telefónica. En cambio, quien sí ha repetido este patrón de conducta es Esteban, conocido por buscar cámaras, no por informar con verdad, y por usar el micrófono como un arma de presión más que como una herramienta de servicio público.

Este caso no puede pasar al olvido. La detención de Priscila fue ilegal, desproporcionada e injusta. Exigimos una investigación formal, y sobre todo: que se detenga el uso del periodismo como escudo para intereses personales.

Porque cuando se normaliza la mentira, la justicia se debilita. Y cuando se intenta silenciar a una periodista de verdad, se atenta contra el derecho de todos a saber la verdad.y en este ejercicio nadie estamos exentos.. Liliana.columna25@gmail.com