Las cifras también cuentan historias
marzo 10, 2026Cada 8 de marzo se multiplican los mensajes sobre la igualdad, los derechos, la historia de las mujeres y las reflexiones sobre el papel de las mujeres en la sociedad. Sin embargo, más allá de las palabras, hay algo que suele pasar desapercibido: las cifras

GRECAS Y LETRAS
Por Carmen Saucedo
ENFOQUEX mx
10 DE MARZO 2026
Cada 8 de marzo se multiplican los mensajes sobre la igualdad, los derechos, la historia de las mujeres y las reflexiones sobre el papel de las mujeres en la sociedad. Sin embargo, más allá de las palabras, hay algo que suele pasar desapercibido: las cifras.
El reciente informe del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), publicado con motivo del Día Internacional de la Mujer, vuelve a recordarnos que las desigualdades de género siguen presentes en la vida cotidiana de millones de mexicanas. No se trata solo de percepciones o discursos; se trata de datos concretos que revelan cómo se distribuyen las oportunidades, el trabajo y los ingresos en el país.
En México, las mujeres representan 53.1 % de la población de 15 años y más, una mayoría demográfica que, sin embargo, no se traduce en una participación equitativa en la vida económica. Mientras 75.1 % de los hombres participa en el mercado laboral, entre las mujeres esta proporción desciende a 45.7 %, lo que refleja una brecha cercana a 30 puntos porcentuales.
Las cifras, en apariencia frías, describen realidades muy concretas: millones de mujeres que no pueden acceder al trabajo remunerado en igualdad de condiciones o que deben hacerlo mientras enfrentan responsabilidades domésticas y de cuidado que aún recaen mayoritariamente sobre ellas.
Pero incluso cuando las mujeres logran insertarse en el mercado laboral, la desigualdad persiste. De acuerdo con el mismo informe, 46.7 % de las mujeres ocupadas recibe hasta un salario mínimo, una proporción considerablemente mayor que la de los hombres en esa misma condición.
En otras palabras, las mujeres no solo participan menos en el mercado laboral, sino que cuando lo hacen tienden a recibir menores ingresos.
La situación se vuelve aún más compleja cuando observamos el tipo de empleo. Más de la mitad de las mujeres ocupadas 55.9 % trabaja en condiciones de informalidad, lo que significa ausencia de seguridad social, estabilidad laboral y derechos básicos.
Este panorama revela que la desigualdad es un entramado que atraviesa distintos niveles de la vida social: educación, empleo, ingresos y oportunidades de desarrollo. Sin embargo, el informe también muestra señales de cambio.
En la última década ha aumentado significativamente el número de mujeres con estudios de nivel medio superior y superior. Entre 2015 y 2025, la proporción de mujeres con estos niveles educativos pasó de 27.2 % a 38.3 %, lo que indica un avance importante en el acceso a la educación.
Este dato es fundamental, porque la educación sigue siendo una de las herramientas más poderosas para reducir las desigualdades estructurales.
Quizá por eso, además de mirar las cifras, también conviene volver a algunos libros que nos ayudan a entender de dónde vienen estas brechas y por qué siguen presentes.
Hace más de setenta años, Simone de Beauvoir escribió en El segundo sexo una idea que sigue resonando hasta hoy: no se nace mujer, se llega a serlo. Con ello señalaba que muchas de las desigualdades que vivimos no son naturales, sino resultado de estructuras sociales construidas durante siglos.
Décadas después, Chimamanda Ngozi Adichie retomó esa conversación en Todos deberíamos ser feministas, un texto breve que explica de manera clara por qué la igualdad de género no es un asunto exclusivo de las mujeres, sino una tarea colectiva.
También vale la pena regresar a un ensayo clásico como Una habitación propia de Virginia Woolf, donde se reflexiona sobre algo que sigue siendo actual: las condiciones materiales que las mujeres necesitan para crear, pensar y participar plenamente en la vida intelectual.
Las estadísticas del INEGI nos muestran el presente, pero estos libros nos ayudan a entender la historia y los mecanismos que han producido esas cifras.
Las cifras no cuentan toda la historia de las mujeres en México: sus luchas, sus resistencias, sus logros, pero sí revelan algo esencial: las condiciones en las que muchas de ellas viven y trabajan.
Por eso, más que un día de conmemoración, el Día Internacional de la Mujer sigue siendo un momento para mirar de frente las brechas que aún persisten y preguntarnos qué estamos haciendo, como sociedad, para cerrarlas.
Porque detrás de cada número hay una vida, una historia y un proyecto que merece las mismas oportunidades.
Y entender esas cifras y también leer las ideas que las explican es una forma de comenzar a cambiar la realidad.


